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‘No llores, vuela’: Premiere y entrevista a Claudia Llosa

Pocas directoras salen a relucir entre la inmensa multitud de profesionales y cineastas del gremio audiovisual. Hoy tenemos el gusto, el honor y el placer de entrevistar a Claudia Llosa que nos presenta, en exclusiva, su metraje más intimista: 'No llores, Vuela'.

Claudia, con tus antecedentes familiares, ¿consideras que eres primero directora o escritora?

Bueno, mi profesión natural ha sido siempre ‘desde el papel’ digamos. A pesar de que me realmente me cuesta mucho porque soy más ‘de imágen’. Digamos que es mi propia dislexia (jejeje). Pero a la vez soy muy natural y me resulta mucho más orgánico el explorarlo primero en el guión, y a partir de ahí ya paso a la dirección. Luego, desde el punto de vista de mi carrera siempre estudié guión, de hecho fue aquí, en la Escuela TAI en Madrid. Vamos, que consideraba que era una guionista primero, no tenía ninguna intención de dirigir en principio.

Lo que pasó fue que, cuando empecé a buscar financiación para ese primer guión que era ‘Madeinusa’, empecé a reunirme con productores y tuve la suerte de conocer a Jose María Morales, el productor de todas mis películas posteriormente. Esto transformó mi vida porque me dijo: ‘Mira, este guión solo se puede hacer si lo diriges tú, es tan personal y tan tuyo que cualquier interpretación no va a tener ningún sentido’.

Pues nada, al final me lancé a por ello. Así que, casualmente, caí en la dirección, cosa que me encanta, porque hay una parte como muy íntima en la escritura y más solitaria, pero luego se complementa con esa parte colaborativa. Yo creo que la dirección, en general, es más creativa, y conjunta varias disciplinas distintas. Hoy por hoy sólo me veo de directora. El contacto con la gente y la unión de visiones distintas en una sola me parece fascinante.

En esta película haces muchísimas preguntas y no das respuestas, aunque nosotros las podemos intuir. En concreto, ¿por qué ella se aferra durante casi toda la película a algo que no cree? ¿Tiene esta trama algo intrínsecamente relacionado con tu persona?

Creo que me interesa mucho la forma en que los seres humanos nos enfrentamos a problemas que nos llevan al límite y recurrimos al mecanismo de encontrar, donde sea, un sistema de seguridad. Tenemos que controlar y poseer explicaciones. Buscamos esa certeza que, a su vez, es inherente a la vida. Ese es el misterio: un sentido oculto de la existencia.

Los personajes establecen un contacto con ese sentido oculto en la película, en el que no hay palabras para describir ni respuestas para llegar a esa certeza. Mis mecanismos están ligados a la ficción y a la fantasía y los utilizo como un modo de exploración y de expresión para estas cuestiones que me inquietan: ese terror a la vulnerabilidad, ese terror a la fragilidad y cómo queremos encontrar esa seguridad que nunca vamos a tener.

De esta forma expreso este tema. Mientras que Iván busca razones, Nana nunca se autoengaña. No persigue algo en lo que no cree. Todo lo que hace es aceptar esa no certeza y consigue tener una relación con ella. No busca controlar. Es como hablar del perdón. ¿Para perdonar necesitamos entender y tener las certezas para asumirlo para luego perdonar, o sólo necesitamos confiar y realizar el acto del perdón? Pues ella hace lo segundo, y acepta el sentido oculto y le perdona gracias a esa fe en que hay algo ahí, aunque no lo comprende. Nana acepta todo y es un ejemplo a seguir asumiendo la incertidumbre. Ella cree en el proceso del viaje, no en poseer ‘lo final’ que se va a encontrar.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con estos actores ya conocidos y qué tipo de trato y direcciones les diste?

Ha sido fascinante para mí, ha sido un proceso bastante interesante dónde hemos tenido una conexión muy básica y humana. Pude encontrar con ellos una relación donde nadie estaba cuestionando o justificando actos, donde nadie intentaba ver la tridimensionalidad de los personajes, simplemente la asumían. Al final, se entregaron a esa búsqueda conmigo. Todo ha sido gracias a ellos. Ha habido confianza y entrega mutua y no siento diferenciales para nombrar a nadie, porque todos hemos materializado esta historia juntos.

Me sentí muy libre y ellos me han dado la libertad de poder contar esta historia dejando ese sentido oculto, que no se puede expresar en palabras, en el aire por medio de la fe.

¿Por qué elegiste la figura del halcón como elemento clave de tu historia?

Sí bueno, hay algo savaje en el halcón, hay algo incluso agresivo. Algo muy primitivo, algo ideado. Es un animal que es domesticable pero a la vez no, que tiene esa energía que acaba consolidándose en una relación de confianza con el humano también. Algo que se puede volver en tu contra y tiene un riesgo, pero que, a su vez, complementa espiritualmente y siente atracción hacia ti. El halcón establece una relación tipo imán y es una imágen bella que genera una incógnita misteriosa y me ha ayudado a crear la atmósfera de la película. Es uno de los elementos que me ha ayudado a crear este universo.

Dices que eres muy ‘de imágen’. Cuando escribiste el guión, ¿te vino también a la cabeza toda la estética de la película?

Sí bueno, a ver, hay imágenes que las tienes en la cabeza claro. Como por ejemplo el principio, la escena del niño con el halcón enmascarado, posado en su hombro, y en el que nos centramos. Estamos mostrando al animal como un personaje más aquí. Hay ciertas visiones que las he puesto en el guión, aunque en general trabajo con mucha libertad. No pienso en colores ni planos. Generalmente tengo una o dos imágenes que me obsesionan y, a partir de ahí, construyo. Esta película tiene otra visión diferente al resto de mi filmografía.